Más allá de Tokyo y Kyoto: seis rincones fuera del circuito
Tokyo y Kyoto son obligados, pero el Japón que más se recuerda suele estar un poco más allá. Seis rincones fuera del circuito, con criterio honesto de por qué merecen la pena y para quién.
El turismo en Japón está muy concentrado: la mayoría de las noches de viajero se reparten entre un puñado de sitios (Tokyo, Kyoto, Osaka y poco más). No es casualidad que sean maravillosos, pero también significa que el Japón más tranquilo y más recordado suele estar un paso más allá del circuito de siempre. Aquí van seis rincones que merecen el desvío, contados con honestidad: qué son, qué tienen y para quién.
Kanazawa — la alternativa serena a Kyoto
Se libró de los bombardeos de la guerra, así que conserva su casco antiguo casi intacto. Tiene el Kenroku-en, uno de los tres grandes jardines paisajísticos de Japón (para muchos, el más bonito), un barrio de geishas (Higashi Chaya) que compite con Gion pero casi sin gente, un museo de arte contemporáneo precioso y un mercado de marisco estupendo. A quién le encaja: a quien quiere el alma de Kyoto sin sus multitudes. A unas 2,5 horas de Tokyo en shinkansen.
Takayama — el pueblo de montaña que para el tiempo
En pleno interior montañoso, guarda un casco viejo de casas de madera, destilerías de sake y mercados de mañana, además de la famosa carne de Hida. Se recorre a pie con calma y es la mejor base para visitar Shirakawa-go. A quién le encaja: a quien busca el Japón rural y con encanto de otra época. A unas 2,5 horas de Nagoya.
Shirakawa-go — las casas de tejado de paja (con un aviso)
Es la aldea Patrimonio de la Humanidad de las casas gassho-zukuri, con esos tejados de paja empinadísimos para aguantar la nieve. Es de postal, sobre todo con nieve en invierno o iluminada de noche. El aviso honesto: se llena de autobuses de excursión durante el día (llegan desde las 9 y se vacía a partir de las 16). Dos soluciones: quédate a dormir en una casa tradicional para verla en calma, o visita la cercana Gokayama, con las mismas casas y una fracción de la gente. A quién le encaja: a los amantes del paisaje rural, si evita las horas punta.
Koya-san — dormir en un templo budista
Un pueblo-monasterio en lo alto de una montaña de Wakayama, corazón del budismo Shingon. Aquí puedes alojarte en un templo (shukubo), unirte a la oración de la mañana y probar la cocina vegetariana de los monjes. Y no te pierdas Okunoin, el mayor cementerio de Japón: un bosque de cedros centenarios y tumbas cubiertas de musgo, sobrecogedor. Un shukubo ronda los 12.000-15.000 ¥ la noche. A quién le encaja: a quien busca una experiencia espiritual y distinta. Se sube desde Osaka.
Kinosaki Onsen — el pueblo balneario para recorrer en yukata
Un pueblo de aguas termales del norte de Kansai, con canales, sauces y calles de madera. La gracia es que tiene siete baños públicos que se recorren paseando en yukata y geta: te alojas en un ryokan, te dan el pase a los siete baños y vas de uno a otro. Mágico en invierno con nieve. A quién le encaja: a quien quiera vivir la cultura del onsen de verdad (si es tu primera vez con los baños, tenemos una guía para no meter la pata).
Naoshima — la isla del arte
Una antigua isla de pescadores en el mar interior de Seto, hoy convertida en un museo al aire libre: arte contemporáneo, arquitectura de Tadao Ando y la famosa calabaza amarilla de Yayoi Kusama. Se llega en ferry desde Okayama o Takamatsu, y algunos museos van con reserva previa. A quién le encaja: a los amantes del arte y el diseño que buscan algo totalmente diferente.
Cómo encajarlos
No hace falta meterlos todos: elige uno o dos según lo que te apetezca (montaña, arte, espiritualidad, onsen) y dales su tiempo. Añadir un solo rincón fuera del circuito a un viaje de Tokyo y Kyoto ya lo cambia por completo. Al final, de eso va viajar a tu ritmo: no de tacharlo todo, sino de dejar sitio para lo que de verdad te llega.
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